La cultura, como rasgo fundamental de la identidad de los grupos humanos, se ha utilizado (y manoseado) para justificar múltiples acciones que hombres y mujeres venimos realizando de tiempo atrás. La tradición ha sido escrita en muchos casos con matices de violencia, la cual, con el paso del tiempo algunos han intentado elevar a categoría de arte.El toreo, tradición traída por los españoles al momento de su infame invasión en el siglo XV, ha sido uno de los estandartes de nuestra malsana herencia hispánica. Por ello, las rancias élites (la mal llamada inmensa minoría) que viven añorando su pasado peninsular, hablan del toreo como manifestación artística representativa de nuestros valores culturales(?) venidos de Europa.
El argumento ligero y falaz que esta manifestación violenta es una expresión tradicional de nuestra cultura (algo que es deliciosamente discutible), puede ser igualmente utilizado para justificar la costumbre barbárica de mutilar los genitales femeninos como tradición cultural de Somalia.
Por todo ello, en una sociedad como la nuestra, donde las desigualdades y la inequidad son los principales generadores de violencia, encontrar en expresiones bárbaras y salvajes como las corridas de toros, manifestaciones de nuestra cultura, es algo que no podemos aceptar ni tolerar. El maltrato, la alabanza ante el sufrimiento animal y la crueldad humana son cosas que debemos censurar con firmeza y determinación. Por ello, la propuesta del alcalde mayor de Bogotá por entrar a revisar la realización de las corridas de toros y otros espectáculos alrededor de la muerte de animales inocentes para la diversión de unos pocos, es algo que aplaudo y destaco de tal manera que hice este cartel al respecto.

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